lunes, diciembre 13, 2010

La paz se encuentra en medio de un jardín

De todas las construcciones antiguas de Tacubaya, la Casa de la Bola es la que tiene una reputación más cercana a la leyenda que a la realidad. Para empezar, ni siquiera se sabe por qué le pusieron ese nombre (sólo existen dos versiones muy parcas, una dice que ahí se organizó una revuelta o "bola" y la otra asegura que la casa tenía alguna "bola" como elemento arquitectónico); además sus habitantes siempre han sido personajes distinguidos, lo que ha estimulado la imaginación de los vecinos desde el siglo XVI.

Su fachada de piedra impone respeto, al igual que su gran portón de madera ya un poco maltratado por el tiempo. Un gran patio central le da la bienvenida a los visitantes, quienes pueden decidir si suben a ver las habitaciones de la casa (llenas de muebles, antigüedades y objetos de arte) o si prefieren adentrarse en uno de los jardines más fascinantes del mundo (y no estoy exagerando).

El jardín de la Casa de la Bola empieza con una fuente de mármol blanco, desde donde parten varios senderos que serpentean, suben, se encuentran, bajan y se bifurcan. En las encrucijadas se descubren más fuentes, estatuas, un estanque seco y hasta una piscina (que desgraciadamente está abandonada y cubierta de hojas). Es una hectárea sembrada de sorpresas.

Aquel mortal que camine entre las plantas de plátano y los olivos sentirá cómo deja atrás el mundo, cómo las preocupaciones se desmoronan y cómo va creciendo una paz interior que difícilmente se consigue de otra manera (meditaciones y rituales incluidos). En algún momento del trance, entre respiración y respiración, se encuentra el momento de hablar con los dioses de tus sueños más utópicos.

Me parece increíble que el primer dueño haya sido Francisco Bazán Albornoz, Inquisidor Apostólico del Santo Oficio. ¿Cómo podía ir en las mañanas hasta Santo Domingo para torturar herejes y regresar tan tranquilo a su casa para pasar las tardes caminando por este jardín? Yo creo que mientras vivió ahí su conciencia no lo dejaba dormir...

Quienes estén interesados en visitar este jardín maravilloso, donde no sería sorprendente toparse con algún duende o fantasma, pueden visitarlo los domingos; está ubicado en Parque Lira 136 (junto a la Delegación Miguel Hidalgo).

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